Los hijos de la Patria, los de verdad

Hijos de la patria

¿Te consideras un verdadero hijo de la Patria?

No me respondas ahora, lee hasta el final y entonces tendrás la respuesta.

Recientemente he notado un creciente odio en las redes sociales en torno al tema “Cuba”. Algunos de nosotros vemos con dolor como los cubanos se ofenden e incluso te amenazan por tener posiciones políticas diferentes.

Y es que las redes se han convertido en un ambiente tóxico para todo aquel que quiere sólo hacer amigos y compartir allí con amistades y conocidos. Puedo asegurar que nunca había visto algo similar en el pasado a pesar de llevar más de 10 años en Facebook y otras redes.

Un grupo de troles ha secuestrado nuestras redes. En lugar de ser el ambiente de esparcimiento que solía ser, se han convertido en un campo de batalla.

Nuestras redes han sido secuestradas por personas que sólo desean impulsar sus agendas políticas y la mayoría de nosotros hemos caído en el fuego cruzado. Así cubanos de una y otra orilla, se ofenden y se humillan mutuamente, aludiendo razones diversas.

He visto incluso personas con similar opinión, ofenderse y humillarse por no estar de acuerdo en uno de los múltiples puntos del tema tratado.

¿Cuándo nos volvimos tan intolerantes? ¿Por qué nos hemos radicalizado? ¿En qué punto defender una causa nos hace fanáticos? Creo que estas son preguntas válidas que todos nos debemos hacer independientemente de qué lado nos encontremos.

Yo me encontraba dando palos ciegos a todo aquel que tenía una postura hacia Cuba y su gobierno distinta a la mía. Sin dudas estoy radicalizado, pero yo no era así.

Siempre me he sentido cubano y listo para defender Cuba. Pero viendo tanta mentira y odio en contra de los cubanos de la isla, poco a poco me radicalicé. Conozco a más de uno en mi misma posición. Lo cual confieso no sé si es buena o mala.

Un rayo de esperanza

Pero no todas son malas noticias. Existe un grupo de usuarios que sienten lo mismo que yo y se han manifestado sobre el tema.

Recientemente vi una reflexión de un cubano en las redes que realmente me conmovió y me hizo repensar mi postura, sin darme cuenta estaba cayendo en el juego de ese grupito.

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Sin quererlo, estaba siendo parte del problema y no de la solución. Creando más odio y división entre los cubanos “de aquí” y los cubanos “de allá”, al final todos cubanos y con el mismo derecho de pensar y querer lo mejor para Cuba aunque pensamos distinto.

La reflexión de Carlos Lazo

Respuesta para quien pregunta

¿Por qué siento amor por esos cubanos que, cómo tú dices, “ni conozco”? ¿Por qué no hablo mal de mi gente de Cuba o de aquí? ¿Por qué quiero que se le dé un respiro a mi pueblo? Lo que experimento es como estar enamorado; a veces uno no tiene razones para explicar por qué el corazón late; ¡late y ya! Eso me pasa con mis vecinos, con mi pueblo, de dentro y de fuera.

Eso me sucede con gente que me es desconocida; los quiero y punto. Y ese cariño se manifiesta lo mismo en Hialeah que en la Habana Vieja. También profeso un gran afecto por el pueblo norteamericano. Este país me ha dado alegría, superación y sueños hechos realidad. Aquí también fundé una familia. Pero tus preguntas gravitan sobre nuestra tierra y sobre lo que significa “ser un buen hijo de Cuba”. 

Vivo agradecido por creer que, lo que soy, se lo debo a mi pueblo. Sin ese legado, sería yo árbol sin raíz, palabra sin voz, cuerpo sin alma. Pero en esto no hay “sentimientos encontrados”. Para amar una cosa no es necesario “desamar” la otra. No has de extrañarte. Lo que siento no es monopolio de mi alma.

Miles de personas comparten esa dualidad de emociones; amor por su patria de nacimiento y por su país adoptivo. Hay abuelitas que me escriben desde la Isla y me cuentan que, además de amor a Cuba, sienten gran cariño por el país que acogió a sus hijos y donde han nacido sus nietos (no importa que esa nación esté en Europa o en Norteamérica). 

¿Alianza con el gobierno cubano? Mi única alianza es con el amor. Y el amor es también esa gente y esa entidad impalpable llamada Patria. Ese concepto trasciende gobiernos y sistemas políticos.

Patria es cultura, es tradiciones, es la vecina aquella que me cuido de niño. Es el amiguito con el que jugué en mi infancia, no importa dónde él esté ahora. Ese instante lúdico, de dos niños corriendo descalzos en una playa, con los piececitos hundidos en la arena húmeda ¡eso es un chispazo de Patria! Patria es esa emoción de vibrar cuando se dice con orgullo “soy cubano”.

Esa noción ecuménica trasciende la geografía y el tiempo. La Patria está dondequiera que la gente sufra o se alegre por Cuba por su pueblo. Está en la Habana, o en Miami, en Kentucky o en Madrid y por supuesto, en Seattle.  

¿Cómo puedo mostrarle amor a un lugar donde sufrí tanto? Es cierto que estuve preso en una celda por largos meses. También estuve confinado en un campo de batalla donde caían bombas. No quiero detallar las veces que traté de armar cuerpos humanos destrozados, como si aquello fuera un juego de rompecabezas terrible.

Por todo eso y por más, he entendido que auto flagelarme y seguir sufriendo por el pasado me hace sufrir doble. Elijo perdonar a los que me hicieron mal, como mismo deseo que me perdone aquel al que he lastimado. ¡Sé que el único camino es el amor! Eso explica también el por qué no hablo mal de Cuba (ni de Estados Unidos).

Tampoco estoy a la caza de miserias (reales o inventadas) para enarbolarlas. La Patria es como una madre; aun si ella estuviera en harapos, yo no haría algarabía burlona de sus miserias. Cualquier batica de casa que lleve, ¡la más harapienta!, se me antoja un traje de novia.

¿Quién es entonces el verdadero hijo? ¿El que difama y se ceba en el dolor o el que ama, a pesar de todo? ¿El que ve solo pajas en el ojo del hermano, o el que busca aliviar los dolores de todos los ojos, los propios y los ajenos? ¿Quién es el verdadero hijo? ¿El que perdona, ama y construye o el que castiga, odia y reniega? 

Todas estas preguntas me han hecho recordar una leyenda antigua. Se cuenta que al rey Salomón, se le presentaron dos mujeres que clamaban ser madres de un mismo niño. Las dos juraban su amor incondicional por el pequeño.

El rey, que tenía fama de justo, al no poder determinar quién era la mamá verdadera, ordenó que se cortara al pequeño a la mitad y se repartiera en partes iguales a las dos mujeres. Una de ellas dijo: “¡Sí, eso es justicia! ¡Qué lo maten y me den mi parte!”. La otra dijo: “No rey, no mate al niño, así no debe resolverse el diferendo”. La elección de esta mujer, que eligió el amor y la vida, le mostró a Salomón quién era la verdadera madre. 

Esta historia se parece al dilema que hoy pesa sobre nuestra Patria. Algunos hermanos, con tal de “ganar”, de darle la “estocada final al gobierno”, aprovechan el coronavirus para abogar por el holocausto de nuestra tierra y para tratar de rendir por hambre a nuestro pueblo.

Otros creemos que la nación trasciende las ideologías. La Patria, amasijo de hueso y carne, de amor y tradiciones, no debe de ser sacrificada en pos de zanjar viejas disputas. Similar a aquella mujer de la leyenda, creemos que no es a través de bloqueos, ni de muerte, que se deben de resolver los diferendos.

Por último, si un día Salomón pudo discernir cual era la verdadera madre, ese otro Rey que habita en los cielos, Dios omnisciente de amor, revelará, sin sombra de dudas, quienes son los verdaderos hijos.   

Tomado del muro del usuario Carlos Lazo.

¿Por qué aún reímos con Les Luthiers?

Los verdaderos hijos de la Patria

Cabe preguntarse, ¿quienes son los “verdaderos hijos de la Patria”?, esos que destilan odio, ya sea hacia un lado u otro del Estrecho de la Florida. O aquel que como Carlos lazo, supo perdonar cualquier agravio pasado y crecer como persona.

¿Es un verdadero hijo de la Patria aquel, que con tal de lavar una afrenta pasada, está dispuesto a arrastrar por el suelo el nombre y la decencia de su país y andar a la caza de miserias humana para enarbolarla como argumento?

¿Es un verdadero hijo de la Patria aquel que odia y denigra de todo el que decidió irse a vivir a otra geografía, por cualquier razón que lo impulsara a emigrar?

Ningún país sufrió más que Sudáfrica durante la Apartheid y aun así Nelson Mandela supo perdonar a quienes lo encarcelaron por más de 30 años. No los perdonó por que fue débil, todo lo contrario. Pero sabía que el único camino para crear una sociedad mejor, era dejar el pasado en el pasado.

Conozco muchas personas que viven anclados en su pasado y eso les impide vivir su realidad, disfrutar del presente y pensar en el futuro con claridad.

Si llegaste hasta aquí por favor tómate un minuto para reflexionar mientras observas este hermoso video tomado del muro de esta persona.